domingo, 4 de octubre de 2015

Viaje en moto

El prólogo de la carretera contuvo toda la prolijidad del viaje,
mis manos se aflojaban entre cada páramo.
Sostuve la frigidez del despegue
y el intuitivo aterrizaje.

Cesó por completo mi caminante.

jueves, 1 de octubre de 2015

Adjunto mis dos poemas que pueden ser encontrados en la revista literaria "Delirium Tremens" en la edición número 9.

Las pajareras


A las semillas se les prohibió mi boca hace mucho tiempo.
En las noches solía llorar una gota pasajera
mientras mi mente temblaba
esperando un estímulo.

Una barrera de libros
acogió mi llegada, sólo distinguí cuatro paredes
donde en cada una de ellas
surgían dos manos que me arrebataban la tranquilidad,
a tirones.

Mi nostalgia empapó la habitación,
de mi cuerpo escapaba el veneno de mis casas anteriores,
a mi lado las pajareras comienzan a tiritar,
los pájaros han emprendido el vuelo
y cegados van en picada a estrellarse contra el suelo,
aún no se convencían de su envejecimiento.

La laguna de mi habitación continuaba fría
como para ahogarme a gusto,
mis pobres pajarillos vuelven a volar contra el piso mientras la vejez
les daba el beso de buenos días.
Han pasado cuatro días,
los cuerpos de los únicos familiares que me quedaban
rebalsaban en la alfombra la sangre grisácea
que aun de mis ojos siguen brotando

El más pequeño traía cargado en sí un año,
sólo camino dos pasos hacia la ventanilla
para emocionarse y envejecer,
con el cigarrillo en el pico
se dejó caer tentado por el humo
dejando mis pajareras vacantes
para el día que aprendiera a volar.

Mi eterna autopsia

Sigo oyendo las voces de negligencia,
sigo sintiendo su placer al quitarme la carne.
El olor a alcohol se hizo presente desde aquel día y gozaba emborracharme con este olor.

Me esperan mis ateos,
prontamente estarán mirando la falda al catolicismo,
en unos momentos sonará la campañilla de la tienda de placas.


Taller de teatro Museo de la memoria y los derechos humanos






domingo, 27 de septiembre de 2015

La historia de los anfibios (Crítica)

En la sala A2, del Centro Gabriela Mistral, la compañía Teatro La mala clase presentó La historia de los anfibios, bajo la dirección de Aliocha de la Sotta.
La historia comienza en medio de la histeria y confusión de un grupo de apoderados citados, urgentemente, a una reunión para informar acerca de la muerte de uno de los compañeros de curso de sus hijos.
Los actores nos debaten uno de los temas más controversiales de nuestro país: la educación, desde un punto de vista estructural en el que se cuestiona a la institución educativa como (des)formador de los alumnos, quienes ya tienen, en opinión de los apoderados, un futuro predeterminado.
La fuerza contraria de la obra, en este caso el personaje de la directora del establecimiento, propone una visión positiva, a través de lentos procesos inspirados en el modelo finlandés, del sistema educativo tales como la libertad de expresión, la instalación de espacios sin supervisión y clases centradas en la reflexión de la vida. La opinión a su vez es constantemente oprimida ya que se cree que el modelo educacional, ligado a los diferentes intereses económicos y políticos, puede arrasar en el futuro con cualquier potencial de cambio.
La increíble fuerza de esta obra se sostiene en los diálogos y puntos de vista de cada personaje. La atención de la audiencia fue total ya que la temática, y la manera de expresarla, fueron muy interesantes e innovadoras. A pesar de tener un final resolutivo, no se entrega realmente como una solución del conflicto ya que hasta el día de hoy es desconocida, por lo tanto, pone el tema sobre la mesa incitando a cada espectador a reflexionar y a cuestionar el control que ejerce el poder ante una variación educacional, el determinismo del sujeto frente al futuro incierto en el cual se le está adiestrando para ser explotador o explotado y si efectivamente se puede, a través de la inquietud, proporcionar alguna alternativa.
Una obra que mezcla la problemática estudiantil y el horror del fallecimiento de un alumno. Los complicados debates llevados al arte de la representación y la compleja postura deshumanizada ante la muerte principal, hacen de esta puesta una pieza interesantísima que invita a cuestionar las diferentes estructuras pedagógicas en las que ya no importa la utilidad, o no, de ésta pues fuera de las instituciones educativas, la realidad es muy distinta.

Una gran puesta en escena que genera miles de interpretaciones e inquietudes frente a un tema tan polémico logrando encantar al público despidiéndose con un efusivo aplauso.

miércoles, 16 de julio de 2014

Antología visual de Claudio Pérez

El pensador siempre llevará una cicatriz ardiente en el pecho como primer impulso que lo llevó a reflexionar.
Difícil es ver una exposición de dictadura chilena sin salir de la sala lleno de cólera, tristeza y con la cabeza llena de interrogantes.
Difícil es ignorar.
Difícil es fijarse en el enfoque correcto, en el recurso artístico y la perfecta iluminación en un marco lleno de sonrisas fúnebres.
Difícil es dejar de pensar.
Difícil es creer que no heredamos nada de aquello.
Difícil es ver a quien no está, implorándonos salir de esa fotografía.
Terrible es observar los miles de rostros y notar que hay alguno que se parece a tu padre, a tu madre, a tus familiares, a tu sangre. Darte cuenta de que no hay lejanía entre tu historia y la de ellos.
Terrible es esperar la recepción de un goce artístico y no una mano empuñada en un par de gargantas.
La exposición consta de miles de fotografías que reflejan la cotidianidad de las personas que vivieron la dictadura, en vez de enfocarse en la pérdida propiamente tal, lo cual no deja de ser una realidad menos horrorosa.
Se podría decir que revivimos la mirada de la gente de esos años. Estamos hablando de habitantes que no sabían con totalidad los tipos de torturas, el número de los detenidos desaparecidos, las manifestaciones, entre otros, debido a la manipulación de los medios de comunicación, el toque de queda y represión de cualquier pensamiento de izquierda.
Nos contextualizamos a través de las fotografías, en las costumbres, en los malones, en los retratos iluminados, en la angustia y la desesperación por no saber con exactitud lo que estaba pasando. Una época en donde cientos de libros fueron quemados, prohibidos e informarse por cuenta propia significaba un riesgo. Una galería para reflexionar un tiempo del que nadie se hace cargo, una exposición para encolerizarse y que nos hace arder la cicatriz una vez más.




lunes, 14 de julio de 2014

A un país cualquiera o quizás sólo a este

                                                                “Vámonos, 
                                                                y volvamos a derrotar afrentas" - Vocales
                                                                                                                                       


Aquí se respira lucha
en un pueblo que quedó sin cabalgata,
acá se come tierra
en un pueblo que quedó sin semillas.
El panel de la memoria es nuestro máximo dolor
con las tres cruces pretéritas y vacantes de quien lo provocó:
El saqueador.
El empresario.
Y el matador.
Espantamos a quien nos manchó la historia
pero aún nos consternan sus reformas.
Tenemos las manos cansadas
y la tinta sanguinolenta.
Los asesinos te colmaron, 
y no haces nada a pesar de que pasen los años,
tu espalda es sólo un peso más 
de tu infantilismo emocional.
El frente de mi casa reposa sólo en deudas y
la mano amiga se siente áspera,
ahora las habilidades de mis compañeros son sólo utilitarias.
Pedimos ayuda en tarjetas
que nos roban cada día
miramos mal a quien nos robe el televisor
pero no a quien nos roba toda la vida.
Hacemos trizas a quien nos mire de frente, lo agarramos a piedrillas
y luego somos capaces de juzgar a quien nos toque una herida
Esto no es una voz benévola ni mucho menos una conciencia
esta escritura tiene llagas y le carcomen las fallas.
Nos tildan de un país impaciente y estresado
al trabajar por esas migajas intangibles
Estamos en la balanza de la oferta y la demanda,
tenemos un modelo obligado, que no nos hemos sacado
y después dicen que somos desarrollados,
la sangre y la espera no nos han funcionado
pues dentro de la crueldad las lágrimas que importan son del finado.
La tierra late realmente si te sientas a escucharla
pero ¿qué te importa averiguar lo que es jugar sin ser intervenido?
si las cuentas, los pies y los intereses te tienen podrido.
Es el fin de una pequeña plática despavorida en un espacio donde nuestro timbre simplemente huye fragmentado.

sábado, 12 de julio de 2014

Crítica: Blanco (teatro)

En la sala B1 del Centro Gabriela Mistral fue expuesta la danza contemporánea “Blanco”.
Esta pieza es una propuesta de mundo, dirigida por Alexandra Mabes, en la cual se plantea una nueva perspectiva acerca de la creación representada por dos cuerpos - tanto uno femenino como uno masculino -.
La escenografía, en una gran parte del tiempo, permaneció oscura excepto en pequeños momentos en que surgía una leve luz que permitía observar a los bailarines rodeados de variados elementos decorativos de color blanco.
En cuanto a la propuesta como danza no se presentó ningún elemento innovador o una nueva mirada respecto de la finalidad que se quería proponer: representar una idea acerca de la evolución; y abusó de movimientos repetitivos que desviaban la atención de la audiencia. Respecto uso a la incoherencia o falta de una línea conductual, en algunos bailes, suele ser útil para abrir el inconsciente del observador, sin embargo, ello no es llevado a cumplimiento debido a la mala utilización del recurso produciendo en los espectadores poco placer estético.

Finalmente existió un exceso en la indumentaria musical sin el componente principal del baile, este último abarcó los últimos minutos en el que solo se presentaban movimientos suaves al ritmo del compás.