miércoles, 7 de noviembre de 2018

Teatro como espacio de protesta



La última pieza dramática de la compañía La caldo con enjundia teatro, es presentada en Teatro Sidarte llamada “Pensión” o “El día que cayó” escrita y dirigida por Vicente Larenas y representada por: Leo Santana, Marcos Araya, Valeria Soto, Serge Santana y Vicente Larenas.

La obra nos transporta al día 10 de diciembre del 2006, bajo el mandato de Michelle Bachelet, en el que se anuncia el fallecimiento del dictador Augusto Pinochet.

La acción dramática se desenvuelve en una pensión en la cual habitan cinco  personajes: Un profesor de historia, una vendedora ambulante, un payaso callejero, un cantante de rap y un militar que, a modo de sátira, solamente se comunica con pitidos.

La obra es fuerte y directa. Los diálogos de los personajes son interesantes llenos sentimiento y pasión en conjunto a la potencia actoral. La puesta en escena genera una apertura a un espacio de conversación intergeneracional en torno a la historia de las luchas políticas y su represión.

Cada personaje escogía su manera de recordar, algunos aludían al dolor y a la pérdida, otros enfatizaban en la militancia. La pluralidad de memorias es lo más apreciado de la obra pues promueve la construcción de diferentes categorías de sujetos recordados: el trabajador, el militante, la víctima, el padre, el desaparecido, etc.

La obra parte con el monólogo de uno de los personajes acerca de la crisis de la educación chilena pues solo reparte conocimientos innecesarios y construye sujetos inconscientes mientras que propone el valor de la enseñanza como ente transformador de sujetos reflexivos y precursores a un proceso de construcción de memorias colectivas en contextos de violencia política.

Finalmente la puesta en escena dio lugar para preguntarse ¿Por qué hacer teatro político? Unas de las respuestas que se pueden connotar es por la importancia de transformar al teatro como espacio de lucha y de memoria que rompa con la localización y materialidad. No solo hacer memoria de los detenidos desaparecidos en cuanto a víctimas pues esto solo los fija en una categoría homogénea, sino integrar y recordar sus luchas y acciones políticas para que no queden olvidadas.

La propuesta principal de la puesta es exhibir las cinco versiones sobre un mismo hecho: la muerte de un tirano. No solo desde el lugar individual de un personaje puntual sino que se tiene como fin reconocernos a nosotros mismos en ellos que derrotados, sin aspiraciones y solo siendo una pequeña parte para un cambio, no dejamos de ser una parte fundamental en él.

sábado, 3 de junio de 2017

El cepillo de dientes (Crítica)


En el fondo, nadie quiere compartir su cepillo de dientes


El cepillo de dientes fue estrenado por primera vez en 1961 por la compañía Ictus, obra que marcó la escena teatral chilena de esos años. Formaba parte de la tendencia artística llamada teatro del absurdo, corriente vanguardista en la época y de la que no se tenía rastro en los teatros chilenos.
Se denomina como teatro del absurdo al periodo entre 1940 y 1960 en el que se escribieron múltiples obras que tenían como característica crear un ambiente onírico con diálogos que carecían de significado, para cuestionar a la sociedad y el papel del hombre. La obra de Jorge Díaz no queda exenta de aquello.
Ante esto, uno podría previamente formular diferentes interrogantes como por qué llevar a cabo una obra de los años 60´ al escenario actual; qué impacto posee el teatro del absurdo en la escena contemporánea o qué significaría el cepillo de dientes en el año 2017 en comparación de su primer estreno.
Para responder estas preguntas se analizará la actual representación presentada en la sala Ana González del teatro Universidad Católica y dirigida por Álvaro Viguera.
La puesta en escena era fiel al texto, utilizaba los diálogos y acotaciones originales y la escenografía era similar a los trabajos de compañías anteriores (una mesa a la mitad del escenario y un baño en la esquina superior). La calidad actoral y vocal fue muy trabajada sin disminuir en la intención o volumen de la voz en ningún momento a pesar de la magnitud de la sala. Como elemento innovador, algunas secciones eran relatadas de manera cantada, lo cual añadió más simpatía y empatía con los personajes. Por lo tanto, se puede deducir que el director nos quiere demostrar que a pesar de tener más de 50 años, la obra genera el mismo impacto: un cuestionamiento a la sociedad burguesa basada en el consumismo, pues en las relaciones humanas los proyectos de pareja se plantean de la misma forma en que se formula un proyecto empresarial: llenos de desgaste, patrones comunes y en la dualidad de la pérdida/ganancia. En este contexto, la pareja de la obra sufre diferentes tipos de crisis por la rutina, la monotonía y la poca claridad sobre el futuro, ante esta inestabilidad logramos ver patrones de violencia, desesperación y humillación.
En el plano de la violencia, fuimos testigos de un femicidio en la mitad de la obra, llevado a cabo por el hombre (caracterizado como un sujeto controlador y que tenía el poder en la casa al ser el responsable de toda la economía del hogar) hacia su mujer (caracterizada como una ama de casa, aburrida de su vida y sometida a cumplir con todas las labores del hogar). Este hecho es imprescindible, pues pone en cuestionamiento nuevamente a la violencia de género con una escena directa que no generó mayor impacto en la audiencia, que lleva a preguntar si el machismo en el país sigue aún vigente a pesar de las nuevas reivindicaciones sociales y el nuevo rol de la mujer supuestamente lejano a la disidencia en que se encontraba en la década de los sesenta.

La figura de el cepillo de dientes, como dijo uno de los personajes, es “la única instancia de individualidad del hombre”, podríamos decir que esta connotación se mantiene hasta la fecha pues el sujeto actual es un trabajador explotado con una jornada laboral que inhibe la cercanía consigo mismo, lo que provoca un efecto espejo ya que en el mundo real, las peleas cotidianas, los proyectos de vida, las situaciones laborales, la sociedad de consumo, la política y la visión del futuro, al igual que los diálogos de la obra, es absurdo y tampoco posee coherencia. La necesidad de volver a montar la puesta es necesaria y debería ser tan impactante como en su estreno para tomar altura de mira y cambiar nuestra situación actual. Un trabajo exhibido con prolijidad y esfuerzo que finalizó con un fuerte aplauso.

Presagios del subsuelo

¿Qué? Qué es lo que escondes;
lo que exhibes, lo que inhalas,
lo que retiras, lo que mueves,
lo que debes, lo que temes,
lo que pecas, lo que justificas,
lo que sencillas, lo que complejas,
lo que creas, lo que destruyes,
lo que sí, lo que no.

No puedo tocar tu piel
sin anteponer una pregunta de vacancia
el vaivén de los cabellos
teme el no ser resuelto por un beso
Cada pregunta vacilante
tararea ante tus ojos quietos
presagio el fin al acercarme a esos labios
y el ocaso ante la primavera de tus manos

No hubo un día en donde no me preguntara por qué tu temor a las travesías y a los escalofríos.
Evidentemente no eres un personaje quieto, te veo merodear sin parar por cada cubículo y hostigarte de tantas situaciones revoltosas.
pero veo una parálisis de corazón: no explotas en risa, no mueres de vergüenza
no te sonrojas ni lloras como un pequeño.
Brota, lidia y grita, que ahí estaré, esperando por ti.

miércoles, 14 de diciembre de 2016

Quizá sea esta la última vez que tenga que decirte algo

En la sala 2 del Teatro Sidarte, fue presentada la obra Quizá sea esta la última vez que tenga que decirte algo dirigida e interpretada por Jessica Huerta y Michael Silva.
Una tenue luz nos adentra a la sala. La escenografía tiene un aspecto minimalista: consta de una silla enorme ubicada en el centro facilitando la movilidad de los actores, mientras que la luz ilumina la mitad del escenario. La obra comienza con los lamentos de una agobiada mujer que se presenta con el nombre de Dina, pronta a contarnos su desdicha. El monólogo nos relata sus difíciles comienzos en una familia de escasos recursos, en el cual la violencia física y psicológica de su padre, era parte de su cotidianidad. Hechos que la llevan a huir del hogar y experimentar  una gran precariedad, junto a un rechazo constante. Situaciones que se entienden en un contexto mayor como el machismo como práctica social. Posteriormente, el personaje nos afirma su entrega máxima a la religión como único refugio de tanto tormento; aspecto que representa el fuerte catolicismo de los sectores populares y la entrega espiritual a un ser metafísico para amortiguar las injusticias diarias.
Después de su confesión, perdemos de vista a la actriz y prontamente hace entrada otro personaje, se presenta como Yegua, un travesti de alrededor de unos 30 años con aspecto entristecido. El monólogo es distinto, no es dirigido al público, más bien a un ser que desconocemos ubicado detrás de la puerta. El tema a tratar es el virus del VIH y todo lo que conlleva: la inestabilidad emocional, el deterioro físico y el constante maltrato y rechazo de su círculo familiar, y de la sociedad en general.
La propuesta de la obra principalmente es la interrogante de hasta qué punto uno tiene que aguantar y pedir ayuda sin recibir respuesta para tomar la justicia por sus propias manos. Hasta qué punto se puede establecer lo bueno y lo malo sin conocer el contexto previo. Los personajes serían un ejemplo de dar respuesta a estas inquietudes, cuando ambos están insertos en un contexto de violencia extrema y cómo deben responder a tal violencia. El tema de lo femenino también es trabajado,  la violencia de género se evidencia en los recurrentes abusos por parte de una masculinidad dominante, que ubica a los protagonistas, en el lugar de la fraternidad y la debilidad. Por otro lado, la situación económica es completamente determinante en la calidad de vida, la posición social y el trato diario.
La calidad actoral fuerte, decisiva y apelante de Jessica nos ayuda a comprender cada acto cometido por su personaje. La rabia, los deseos de justicia y la demanda en la actuación Michael impresionan y facilita el entendimiento de su personaje y su acción final. El lenguaje directo y explícito de ambos, provocó la atención máxima en la historia y un ambiente empático respecto de la audiencia a lo que les estaba ocurriendo.

Es una obra innovadora, ya que rescata a los personajes íconos de la marginalidad y representa a los seres excluidos por el muro de bloques morales de la sociedad contemporánea. Un trabajo que invita a reflexionar respecto a las personas ubicadas fuera de cualquier marco, con destinos predeterminados y juzgados por una humanidad tan fría, que no los escucha. 

martes, 2 de febrero de 2016

La hija del sistema (Crítica)

En distintos formatos de ficción, por ejemplo, las teleseries en la televisión chilena, podemos ver en diversas ocasiones, temáticas como la desigualdad económica y social del país (Pituca sin lucas, Pobre rico e Intervalo, por ejemplo).
La obra de teatro La hija de mi papá, escrita y dirigida por Nicolás Mena, y que se está presentando en el Festival Santiago a mil 2016, también trata este tema.
Los acontecimientos se nos presentan con la entrada de Trinidad y Daniela, dos hermanas jóvenes, hijas del mismo padre y distinta madre. La primera es hija de la esposa. La segunda es hija de la amante. El escenario simula ser un departamento pequeño, desgastado y con pocos muebles, en el que vive Daniela, la mayor, vestida con el uniforme de cajera de un supermercado, mientras que Trinidad, un año menor, utiliza ropa más sofisticada. La construcción de la ficción sugiere que ambas muchachas pertenecen a clases sociales distintas.
Trinidad, en su condición de hija legítima, busca a Daniela con el objetivo de investigar la constancia de la presencia del padre en la vida de su hermana. Durante el encuentro, se provoca una fuerte discusión en la que la hermana menor no reconoce a la mayor como familia debido a que no tienen la misma sangre en totalidad. La hija legítima es quien ha obtenido todos los beneficios económicos de parte del padre, mientras que la otra apenas sobrevive con el sueldo mínimo. A esta última, se le caracteriza como una persona amable, orgullosa de su trabajo y servicial, aspectos que la obra se preocupa de enfatizar constantemente. Esto se ve, por ejemplo, en que en una de las primeras escenas, Daniela le seca los pies, se asegura de que todo esté limpio en la mesa y obedece a cada orden de su visita.
Es curioso que este montaje se concentre en la imagen del pobre extremadamente feliz, sin demostrar ninguna queja por su situación, alejando cualquier indicio de enojo ante el sistema tan hostil al que se enfrentan. Además, el tener estas cualidades solo provoca que la acción se vuelva predecible, tras evidenciar los roles del bueno y el malo.
Con lo anterior, La hija de mi papá propone mostrar una supuesta unión comunitaria (en el sentido de grupos que entienden su situación debido a una fuerza antagónica) de los miembros de los sectores populares en Chile en la conformación de su identidad de clase, unidad que si existiese no se manifiesta de manera fraterna. Con esto, la obra, contribuiría erróneamente a fortalecer la idea de que se despliega una confianza en la comunidad, como consecuencia del orgullo que manifiesta Daniela hacia su trabajo aunque éste sea precario. Así, la obra no estaría proponiendo ideas en función de solucionar el problema ni provocar un potencial cambio ante la precariedad laboral. Como prueba de esto, Daniela se presenta satisfecha de su posición en la estructura social.
La obra se esfuerza en distinguir las formas de pensamiento de Daniela y Trinidad en relación con la clase social a la que pertenecen. La primera se presenta como un personaje noble y la segunda, como alguien egoísta. Esta diferenciación de clases no existiría en Chile, ya que las diferentes características mencionadas pueden encontrarse en personas de ambos grupos sociales. El problema de la representación que realiza La hija de mi papá se grafica en que, en la realidad, la clase media chilena presenta como tendencia rasgos conservadores contribuyendo a mantener el sistema de clases funcionando.
El montaje La hija de mi papá da a entender que cada uno de los personajes, representa simbólicamente a la totalidad de la clase social a la que pertenecen, incluyendo su conciencia social y su identidad de clase, asunto cuestionable por la polarización de sus ideas. De esta forma, la obra no propone una gran innovación respecto al tema. Sin embargo, invita al debate sobre éste.

domingo, 10 de enero de 2016

¿Somos todos personitas?

La obra argentina Personitas fue presentada en la sala Antonio Varas los días 7, 8 y 9 de enero en el contexto del Festival internacional Santiago a mil.

Personitas es una obra difícil de reseñar con exactitud dada a sus múltiples interpretaciones, transformándola en una obra interesante y algo experimental en sus diálogos, ya que estos variaban entre lo coherente e incoherente. El guión en general trataba de contar, en una historia específica, el caos de una sociedad entera y sus problemáticas ante la deriva de un Dios que no siente. Rozaban el estilo del teatro del absurdo, no totalmente, debido a que la trama sí tenía significado y secuencia dramática. Si nos centramos en la escenografía, se puede describir como avejentada y bastante bella, quizás algo estática para la duración de la obra, centrando el soporte en los diálogos, los cuales eran bastante graciosos en casi todos los momentos, pero habiendo instancias en donde los cambios bruscos en el tema provocaron pequeñas caídas en la tensión de la audiencia pero que rápidamente la retomaban; esta sensación de tira y afloja, difícil de lograr y algo arriesgado, logró evitar espacios muertos, imposibilitando el poder retirar la mirada del escenario a la espera perpleja ante los nuevos acontecimientos. Acompañado del carisma de los personajes y el gran trabajo en la calidad actoral, la presentación estuvo llena de energía; realmente detallada, en un sube y baja de tensiones; la puesta en escena terminó con éxito ante el público de más de cien personas.

domingo, 8 de noviembre de 2015

Finaliza la octava versión del festival más austral del mundo

La frase De cara al viento puede significar muchas cosas, por una parte, a ese rostro enrojecido por el frío sin importar la estación, propia de los magallánicos, y, por otro lado, a esa cara expectante y emocionada al salir de una sala de teatro. Como resultado de esta dualidad encontramos al Festival Cielos del Infinito. Son pocos los festivales comprometidos a trabajar para las personas desde el lugar de la identidad, e inclusive, aún más difícil encontrar alguno que no se sitúe en un lugar establecido, si no que más bien, la ciudad sea su escenario, y cuando uno camina deslumbrado por las calles de Punta Arenas, observando a las banderas de colores, los afiches en cada local, la cantidad de entradas vendidas y las puertas abiertas de los teatros, te das cuenta de que la festividad ha llegado a la ciudad y a cada habitante con inquietudes artísticas.
En vistas generales se logró el objetivo, colocando un enorme grano de arena en la balanza a favor de la descentralización del arte. Como región, fuimos testigos de grandes obras provenientes de diferentes lugares del mundo, nuestra imaginación vagó entre cada pueblo y ciudad invitado. Si se hiciera un recuento de las obras principales, logramos ver las propuestas del teatro actual lleno de experimentaciones rompiendo poco a poco nuestras barreras fronterizas previas que tenemos acerca del las expresiones artísticas. Brasil nos dijo que el movimiento y lenguaje pueden provenir de cualquier lado, inclusive desde la sencillez del papel, Argentina nos puso a prueba con el humor ante cualquier cosa, inclusive con el frío abrazador que nos mantiene alejados de las butacas; en cuanto a Chile, nos pudimos dar cuenta del increíble trabajo presente y que merece cada vez más apoyo y propagación. Con respecto a China, se trajo una obra que no nos quebró demasiado la idea, algo hermética, que se tiene sobre la cultura oriental, algo imperialista y servicial, pero nos deja el paso a nosotros mismos de investigar las expresiones y visiones artísticas y sociales contemporáneas acerca de esta gran cultura.
La idea de una escuela abierta y desfases con la idea de la educación, tradicional y conservadora, es fenomenal ya que invitó a abrir instancias de cuestionamiento, indagación y retroalimentación entre los participantes dejando la idea de un festival completo tanto el área de la educación como en el arte.

De cara al viento también reflejó la dificultad del equipo al hacer este enorme proyecto, resaltando la labor de los voluntarios que se encuentra presente en todas las versiones, compensado en la calidez al presenciar un espectáculo o en las sonrisas de un público regional que ahora se encuentra ansioso de esperar la siguiente versión.

miércoles, 4 de noviembre de 2015

Encontrarse como actor, desaparecer como personaje

En BiblioGAM se estrenó la obra “Trovarsi/Encontrarse” dirigida por Aliocha de la Sotta. La temática bordea las inquietudes, dudas y contradicciones que sufren los actores cuando no distinguen entre un papel y su identidad, conflicto representado en escena por La Actriz, interpretada por Claudia Di Girolamo.
La obra comienza con la crisis existencial del rol de Di Girolamo sobre si ella vive o actúa. Su interpretación es armoniosa y detallada, logrando convencer al público que ya no se trata de un montaje, sino la exposición de sus dilemas respecto a los criterios de actuación/realidad e identidad/representación.
Enfrenta a los espectadores que más de alguna vez la observaron en alguna teleserie, que reconocen cómo ella interpreta el momento de enamorarse, de enfrentar el dolor, y que prácticamente es la misma fuera  de la actuación. En cuanto a la interpretación de los demás actores, es más bien un soporte para la actuación de la actriz más que una propuesta actoral definida que el público pudiera recordar. 
Los argumentos de la pieza se presentan mediante el uso de diálogos, estrategias muy bien trabajadas para que en el público no queden dudas de cómo piensan los actores, de sus peleas contra la vida que quedan tras el telón. No obstante, el recurso de la reiteración no ayuda al desarrollo del montaje, provocando un desgaste en la expresión y frescura del texto, pues los enunciados del inicio son fundamentalmente iguales a las intervenciones finales.
Si bien la puesta en escena es simple, ausente de un telón, puede pensarse que es una herramienta más para romper la muralla entre el actor y el público, y que también demuestra la desnudez de ellos al manifestarse a favor y en contra de quiénes son, y la discusión de que si durante las 24 horas del día son actores o acaso ellos mismos están aferrados a este trabajo.
Esta pieza cambia la perspectiva de los observadores frente a quienes ven a diario cuando encienden el televisor o presencian una obra de teatro. Actividades que generalmente son vistas como un mural blanco, de sujetos dedicados a interpretar un papel y que al salir del montaje retornan sin problemas a sus particulares identidades. Sin embargo no es así, la ardua labor de salir del personaje y entrar en uno mismo cuando no se tiene una definición clara de la propia identidad es una situación en constante dilema y tensión que viven a diario los actores.

martes, 3 de noviembre de 2015

Taller de crítica cultural y apreciación artística

En el contexto del Festival Cielos del infinito, que es montado en la Región Independiente de Magallanes, se impartirá un taller de crítica cultural y apreciación artística desde el lunes 2 noviembre y el sábado 7 de noviembre del presente año que tiene por objetivo enseñar el mundo de la crítica y su elaboración para formar un equipo de trabajo que realice sus propias creaciones, en un principio produciendo el material conforme a la cartelera del festival para posteriormente emprender una agrupación independiente que se encargue de elaborar el material en acorde de las actividades culturales de la ciudad de Punta Arenas.

Adjunto imagen de la primera sesión "¿Qué es una crítica?"


lunes, 5 de octubre de 2015

Pinocchio (Crítica)

Al aire libre y con una audiencia repleta Pinocchio, de la compañía Teatrocinema (ex la Troppa), toma el escenario en el corazón de la plaza de Maipú. Esta obra infantil, influenciada por la novela de Carlo Collodi, trata la historia de una marioneta que cobra vida, con su propia personalidad y características. La simplicidad del montaje sorprendió enormemente para una presentación tan extensa (1 hr. y 30 min). En el inicio de la obra, se logró visualizar la salida del primer actor, representando a Geppetto, el padre de Pinocchio, de manera carismática, extrovertida y estusiasta, donde él mismo crea con sus propias manos a quien llamará su hijo, un joven de madera, con cualidades propias de cualquier niño como dice su propio padre: pequeño, maldadoso, rebelde, revolucionario e irrespetuoso. Nos adentramos a la aventura de este mundo, instalado con elementos tan simples, como un perro de ropa gigante, algunos peluches, un enorme cono y un teclado para crear el sonido de los efectos, sin embargo, con tan escasa escenografía, sin ser éste un factor en contra, los actores lograron profundizarnos en la historia y abrir nuestra tan abandonada imaginación con leves símbolos: en una de las escenas se observa a Pinocchio y a un grillo conversando acerca de la conciencia, y  el modo innovador de la presentación, simulando la perspectiva de la marioneta cuando mira a su acompañante minúsculo y la perspectiva del insecto, viendo la nariz enorme de Pinoccio, todo al mismo tiempo. Respecto al plano actoral el personaje principal, interpretado por Sofía Zagal, a pesar de tener actitudes catalogadas de vandalismo, logró encantarnos con su ternura e inocencia infantil. A pesar de solo contar con dos actores más para interpretar a muchos más personajes (Fernando Oviedo y Juan Pablo Troncoso), es notorio el trabajo en la ejecución, ya que cada en uno de ellos, lograban capturar la esencia y la personalidad de cada uno de sus papeles, a pesar de ser caracterizados por la misma persona; por lo tanto la diferenciación no se centraba en el cambio de vestimenta, sino en el plano de la interpretación.
La obra posee una innovación en la temática y en la manera en que es contada, aunque la historia tenga variadas representaciones, ésta destaca por sus diálogos acerca de temas actuales creando un Pinocchio mucho más cercano y realista, además de las múltiples canciones que entretenían e invitaban a embarcarnos en un gran viaje por las diferentes aventuras de la marioneta.

En vista general, la puesta en escena trae una nueva forma de contar esta tan representada y conocida historia con una mirada más dulce y tierna que la original, en conclusión, con el ingenio, la fluidez y el humor que propone, nos logró encantar a muchos, tanto grandes como a pequeños, recibiendo un gran aplauso y la entrega de un reconocimiento de parte de la municipalidad.

domingo, 4 de octubre de 2015

Viaje en moto

El prólogo de la carretera contuvo toda la prolijidad del viaje,
mis manos se aflojaban entre cada páramo.
Sostuve la frigidez del despegue
y el intuitivo aterrizaje.

Cesó por completo mi caminante.

jueves, 1 de octubre de 2015

Adjunto mis dos poemas que pueden ser encontrados en la revista literaria "Delirium Tremens" en la edición número 9.

Las pajareras


A las semillas se les prohibió mi boca hace mucho tiempo.
En las noches solía llorar una gota pasajera
mientras mi mente temblaba
esperando un estímulo.

Una barrera de libros
acogió mi llegada, sólo distinguí cuatro paredes
donde en cada una de ellas
surgían dos manos que me arrebataban la tranquilidad,
a tirones.

Mi nostalgia empapó la habitación,
de mi cuerpo escapaba el veneno de mis casas anteriores,
a mi lado las pajareras comienzan a tiritar,
los pájaros han emprendido el vuelo
y cegados van en picada a estrellarse contra el suelo,
aún no se convencían de su envejecimiento.

La laguna de mi habitación continuaba fría
como para ahogarme a gusto,
mis pobres pajarillos vuelven a volar contra el piso mientras la vejez
les daba el beso de buenos días.
Han pasado cuatro días,
los cuerpos de los únicos familiares que me quedaban
rebalsaban en la alfombra la sangre grisácea
que aun de mis ojos siguen brotando

El más pequeño traía cargado en sí un año,
sólo camino dos pasos hacia la ventanilla
para emocionarse y envejecer,
con el cigarrillo en el pico
se dejó caer tentado por el humo
dejando mis pajareras vacantes
para el día que aprendiera a volar.

Mi eterna autopsia

Sigo oyendo las voces de negligencia,
sigo sintiendo su placer al quitarme la carne.
El olor a alcohol se hizo presente desde aquel día y gozaba emborracharme con este olor.

Me esperan mis ateos,
prontamente estarán mirando la falda al catolicismo,
en unos momentos sonará la campañilla de la tienda de placas.


Taller de teatro Museo de la memoria y los derechos humanos






domingo, 27 de septiembre de 2015

La historia de los anfibios (Crítica)

En la sala A2, del Centro Gabriela Mistral, la compañía Teatro La mala clase presentó La historia de los anfibios, bajo la dirección de Aliocha de la Sotta.
La historia comienza en medio de la histeria y confusión de un grupo de apoderados citados, urgentemente, a una reunión para informar acerca de la muerte de uno de los compañeros de curso de sus hijos.
Los actores nos debaten uno de los temas más controversiales de nuestro país: la educación, desde un punto de vista estructural en el que se cuestiona a la institución educativa como (des)formador de los alumnos, quienes ya tienen, en opinión de los apoderados, un futuro predeterminado.
La fuerza contraria de la obra, en este caso el personaje de la directora del establecimiento, propone una visión positiva, a través de lentos procesos inspirados en el modelo finlandés, del sistema educativo tales como la libertad de expresión, la instalación de espacios sin supervisión y clases centradas en la reflexión de la vida. La opinión a su vez es constantemente oprimida ya que se cree que el modelo educacional, ligado a los diferentes intereses económicos y políticos, puede arrasar en el futuro con cualquier potencial de cambio.
La increíble fuerza de esta obra se sostiene en los diálogos y puntos de vista de cada personaje. La atención de la audiencia fue total ya que la temática, y la manera de expresarla, fueron muy interesantes e innovadoras. A pesar de tener un final resolutivo, no se entrega realmente como una solución del conflicto ya que hasta el día de hoy es desconocida, por lo tanto, pone el tema sobre la mesa incitando a cada espectador a reflexionar y a cuestionar el control que ejerce el poder ante una variación educacional, el determinismo del sujeto frente al futuro incierto en el cual se le está adiestrando para ser explotador o explotado y si efectivamente se puede, a través de la inquietud, proporcionar alguna alternativa.
Una obra que mezcla la problemática estudiantil y el horror del fallecimiento de un alumno. Los complicados debates llevados al arte de la representación y la compleja postura deshumanizada ante la muerte principal, hacen de esta puesta una pieza interesantísima que invita a cuestionar las diferentes estructuras pedagógicas en las que ya no importa la utilidad, o no, de ésta pues fuera de las instituciones educativas, la realidad es muy distinta.

Una gran puesta en escena que genera miles de interpretaciones e inquietudes frente a un tema tan polémico logrando encantar al público despidiéndose con un efusivo aplauso.

miércoles, 16 de julio de 2014

Antología visual de Claudio Pérez

El pensador siempre llevará una cicatriz ardiente en el pecho como primer impulso que lo llevó a reflexionar.
Difícil es ver una exposición de dictadura chilena sin salir de la sala lleno de cólera, tristeza y con la cabeza llena de interrogantes.
Difícil es ignorar.
Difícil es fijarse en el enfoque correcto, en el recurso artístico y la perfecta iluminación en un marco lleno de sonrisas fúnebres.
Difícil es dejar de pensar.
Difícil es creer que no heredamos nada de aquello.
Difícil es ver a quien no está, implorándonos salir de esa fotografía.
Terrible es observar los miles de rostros y notar que hay alguno que se parece a tu padre, a tu madre, a tus familiares, a tu sangre. Darte cuenta de que no hay lejanía entre tu historia y la de ellos.
Terrible es esperar la recepción de un goce artístico y no una mano empuñada en un par de gargantas.
La exposición consta de miles de fotografías que reflejan la cotidianidad de las personas que vivieron la dictadura, en vez de enfocarse en la pérdida propiamente tal, lo cual no deja de ser una realidad menos horrorosa.
Se podría decir que revivimos la mirada de la gente de esos años. Estamos hablando de habitantes que no sabían con totalidad los tipos de torturas, el número de los detenidos desaparecidos, las manifestaciones, entre otros, debido a la manipulación de los medios de comunicación, el toque de queda y represión de cualquier pensamiento de izquierda.
Nos contextualizamos a través de las fotografías, en las costumbres, en los malones, en los retratos iluminados, en la angustia y la desesperación por no saber con exactitud lo que estaba pasando. Una época en donde cientos de libros fueron quemados, prohibidos e informarse por cuenta propia significaba un riesgo. Una galería para reflexionar un tiempo del que nadie se hace cargo, una exposición para encolerizarse y que nos hace arder la cicatriz una vez más.




lunes, 14 de julio de 2014

A un país cualquiera o quizás sólo a este

                                                                “Vámonos, 
                                                                y volvamos a derrotar afrentas" - Vocales
                                                                                                                                       


Aquí se respira lucha
en un pueblo que quedó sin cabalgata,
acá se come tierra
en un pueblo que quedó sin semillas.
El panel de la memoria es nuestro máximo dolor
con las tres cruces pretéritas y vacantes de quien lo provocó:
El saqueador.
El empresario.
Y el matador.
Espantamos a quien nos manchó la historia
pero aún nos consternan sus reformas.
Tenemos las manos cansadas
y la tinta sanguinolenta.
Los asesinos te colmaron, 
y no haces nada a pesar de que pasen los años,
tu espalda es sólo un peso más 
de tu infantilismo emocional.
El frente de mi casa reposa sólo en deudas y
la mano amiga se siente áspera,
ahora las habilidades de mis compañeros son sólo utilitarias.
Pedimos ayuda en tarjetas
que nos roban cada día
miramos mal a quien nos robe el televisor
pero no a quien nos roba toda la vida.
Hacemos trizas a quien nos mire de frente, lo agarramos a piedrillas
y luego somos capaces de juzgar a quien nos toque una herida
Esto no es una voz benévola ni mucho menos una conciencia
esta escritura tiene llagas y le carcomen las fallas.
Nos tildan de un país impaciente y estresado
al trabajar por esas migajas intangibles
Estamos en la balanza de la oferta y la demanda,
tenemos un modelo obligado, que no nos hemos sacado
y después dicen que somos desarrollados,
la sangre y la espera no nos han funcionado
pues dentro de la crueldad las lágrimas que importan son del finado.
La tierra late realmente si te sientas a escucharla
pero ¿qué te importa averiguar lo que es jugar sin ser intervenido?
si las cuentas, los pies y los intereses te tienen podrido.
Es el fin de una pequeña plática despavorida en un espacio donde nuestro timbre simplemente huye fragmentado.

sábado, 12 de julio de 2014

Crítica: Blanco (teatro)

En la sala B1 del Centro Gabriela Mistral fue expuesta la danza contemporánea “Blanco”.
Esta pieza es una propuesta de mundo, dirigida por Alexandra Mabes, en la cual se plantea una nueva perspectiva acerca de la creación representada por dos cuerpos - tanto uno femenino como uno masculino -.
La escenografía, en una gran parte del tiempo, permaneció oscura excepto en pequeños momentos en que surgía una leve luz que permitía observar a los bailarines rodeados de variados elementos decorativos de color blanco.
En cuanto a la propuesta como danza no se presentó ningún elemento innovador o una nueva mirada respecto de la finalidad que se quería proponer: representar una idea acerca de la evolución; y abusó de movimientos repetitivos que desviaban la atención de la audiencia. Respecto uso a la incoherencia o falta de una línea conductual, en algunos bailes, suele ser útil para abrir el inconsciente del observador, sin embargo, ello no es llevado a cumplimiento debido a la mala utilización del recurso produciendo en los espectadores poco placer estético.

Finalmente existió un exceso en la indumentaria musical sin el componente principal del baile, este último abarcó los últimos minutos en el que solo se presentaban movimientos suaves al ritmo del compás.

domingo, 15 de junio de 2014

Crítica: El sollozo del hierro (danza)

En el Centro Cultural Estación Mapocho, en el contexto de la extensión del Festival Cielos del Infinito en Santiago, se presentó “El sollozo del hierro”, dirigido y coreografiado por la compañía Arrieritos.

La danza comienza con una leve luminosidad enseñando las tenues siluetas de sus dos intérpretes: un hombre y una mujer; él con la predisposición de conquistarla y ella con la mirada nebulosa de dudas.

Se denotó el lenguaje artístico de la danza contemporánea con intervenciones de flamenco. La energía de sus bailarines originó una gran intensidad para la ejecución del movimiento, demostrando la gran aptitud de estos. La intención y expresión actoral no quedaron ausentes en la creación pues se proyectaba el desgaste amoroso de los amantes. Este punto es importante porque generalmente cuando este tipo de coreografías son llevadas al escenario tienden a dejar que el observador cree su propia interpretación donde él mismo debe atribuirle sentido. Fue interesante que el montaje entregara un relato estructurado, sin quitar las posibles futuras lecturas que el auditor quiera dar.


La atmósfera del teatro se contagió con la decadencia emocional y amorosa de ellos. En el suelo se situaban dos relojes de arena simulando el correr del tiempo, conformando una hermosa imagen al espectador entre la escenografía y el baile. En líneas generales esta bellísima danza fue el arte de dos cuerpos en movimiento y el amor tortuoso de una noche sin reparo.

miércoles, 28 de mayo de 2014

Crítica: Esperando a Godoy

Muchos habrán oído hablar de la obra de teatro “Esperando a Godot” escrita por Samuel Beckett en la década del 50.
Hace tres semanas atrás, mi colegio llevó a todos los cursos al Cine Arte Normandie, a ver una obra titulada “Esperando a Godoy”. Me bastó un par de minutos para entender que era una parodia al montaje de Beckett. Básicamente la obra era débil, se percibía que fue escrita para adaptarse al público, que en este caso fue una audiencia adolescente, es decir, que sus diálogos rondaban en temas como la vocación, los problemas paternales y las interrogantes sobre el futuro. Los diálogos de la función eran simples, no hubo profundidad en el clímax y el remate del discurso final fue bastante pobre. La crítica va también en algo mucho más externo como el por qué de la insistencia de llevar a los alumnos a ver esta clase de obras en las salidas pedagógicas. No es la primera vez ni la última, en que los contenidos como la sexualidad, la vocación, la PSU y los problemas amorosos se ven exhibidos exclusivamente para el público juvenil.
Los colegios siempre eligen este tipo de presentaciones con el pretexto de que es la única manera que los jóvenes pueden interesarse en el teatro, pero los aleja mucho más de la expresión teatral. Una respuesta posible es el  miedo de las escuelas de que los alumnos se aburran y falten el respeto en la sala, sin arriesgarse a que los estudiantes puedan ver una obra de teatro sin las lecciones protocolares.

Este tipo de montajes esperan contextualizar el mundo adolescente, por supuesto en una visión generalizada,  en la espera de una mejor recepción y atención de sus espectadores. El problema es que muchos de ellos  van al teatro únicamente en salidas pauteadas por los colegios, entonces si van a cobrar por una obra plagada de lecciones para el futuro, sería mejor realizar una clase enfocada en eso, ya que existen miles de funciones, de variados géneros, en las cuales los alumnos podrían sorprenderse e indagar por las diferentes ramas que tiene el arte de la representación.

domingo, 25 de mayo de 2014

Poema: No sé que podré decir mañana

No sé que podré decir mañana
pues creo que no he vivido absolutamente nada.
La espera tiembla en el agonizante andén
y mi mano pide consuelo debajo de mis piernas
esperando un poco de calor.

No sé que podré decir mañana
pues creo que no he vivido absolutamente nada
repito rotando el lápiz en una clase inútil
y desbordo todos los conocimientos y letras por la ventana.

No sé que podré decir mañana
pues creo que no he vivido absolutamente nada.
La publicidad de la industria vecina inflama mi cólera
y me siento a espiar, gratificantemente, los edificios y las siluetas de la gente
en sus pequeñas casillas
con sus firmes fronteras.