No sé que podré decir mañana
pues creo que no he vivido absolutamente nada.
La espera tiembla en el agonizante andén
y mi mano pide consuelo debajo de mis piernas
esperando un poco de calor.
No sé que podré decir mañana
pues creo que no he vivido absolutamente nada
repito rotando el lápiz en una clase inútil
y desbordo todos los conocimientos y letras por la ventana.
No sé que podré decir mañana
pues creo que no he vivido absolutamente nada.
La publicidad de la industria vecina inflama mi cólera
La publicidad de la industria vecina inflama mi cólera
y me siento a espiar, gratificantemente, los edificios y las siluetas de la gente
en sus pequeñas casillas
con sus firmes fronteras.
con sus firmes fronteras.
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